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El colesterol: Ni poco, ni grasa, ni malo.

Doctora Begoña Ruiz hablando sobre las bondades del colesterol

¿Qué es el colesterol?

El colesterol es una sustancia fundamental para la vida que se encuentra formando parte de todas las membranas celulares de nuestro cuerpo. Eso quiere decir que sin colesterol no hay vida, ya que sin él, las células del organismo (ojo, piel, músculo, tendón, ligamento, hígado, cerebro…), no se formarían correctamente. Por eso es uno de los elementos que tomamos en abundancia nada más nacer… ¿dónde? En la leche materna, que tiene inmensas cantidades de colesterol para ayudar al bebé a desarrollar todo su organismo. También lo encontramos en abundancia en la carne, pescado y productos de origen animal, al igual que los alimentos ricos en Omega 3

Además, el colesterol también es precursor (la molécula necesaria) de la famosa vitamina D y de las hormonas esteroideas, como cortisol, aldosterona, estrógenos, progesterona y testosterona. Es decir, que también nos permite sintetizar las hormonas anti-inflamatorias, de gestión de estrés, y las hormonas sexuales, respectivamente. También nos ayuda a sintetizar jugos biliares, que nos ayudarán en la digestión.

¿Entonces, es bueno o malo?

La fama del colesterol como perjudicial para la salud, empezó en los años ´50 del siglo pasado por unos estudios del archiconocido Ancel Keys, que relacionaban el consumo de grasa y colesterol con la mortalidad general, y sobre todo, con la enfermedad cardiovascular. Posteriormente se ha ido desmintiendo completamente esta asociación e incluso se ha confirmando que cifras bajas de colesterol en sangre son perjudiciales para la salud, ya que, entre otras muchas cosas, disminuyen la capacidad regenerativa de nuestro organismo. 

Lo que sí que se descubrió también poco después, pero que ´quedó en el olvido´ es que es el exceso de carbohidratos el verdaderamente responsable del aumento de riesgo cardiovascular, es decir, procesados, azúcares, exceso de cereales, procesados… Por ejemplo, se descubrió que es la carne procesada la que sí que está relacionada con enfermedad cardiovascular, pero no la que se cría de manera natural.

Pero, ¿puedo comer grasa o no?

Realmente, el colesterol no es ni siquiera una grasa, sino un lípido que se encuentra formando parte de las membranas celulares de todas las células del organismo. Es decir, lo ingerimos cuando comemos alimentos ricos en estas membranas celulares: huevos (sobre todo la yema), pescado, marisco y carne de todo tipo. Este colesterol que contienen estos alimentos irá a formar parte de nuestro organismo y será el que nos permita formar todo lo que hemos dicho anteriormente, desde diferentes tejidos hasta las hormonas y jugos para digerir.

La grasa que realmente se ha demostrado perjudicial para la enfermedad cardiovascular y la salud en general, es sobre todo el ácido linoleico, un omega 6 presente en los aceites vegetales refinados (girasol, sésamo, algodón…), que se encuentran en los productos procesados; así como las grasas de tipo trans, que resultan de calentar estas últimas a altas temperaturas. Los aceites de oliva y de coco, y el aguacate, así como la mantequilla y su versión clarificada o ghee, serían los aceites más sanos para el consumo diario, que no afectan negativamente a la salud cardiovascular.

¿Y los huevos entonces?

Los huevos se han demonizado durante décadas, y hasta en muchas dietas se hablaba de quitar las yemas y hacer tortillas de claras. Hoy en día está más que demostrado que la yema, cierto, rica en colesterol, ayuda a la regeneración, y que aumentar el consumo de huevos a uno más al día, mejora la salud en general.

Vale, pero ¿y mis analíticas?

En las analíticas aparecen cuatro valores fundamentales, que son los que tenemos que analizar:

  1. Colesterol total: Es la cantidad total de colesterol circulante en sangre, que irá a los tejidos según lo que haya que reparar. Por eso no es necesariamente malo si está elevado, indicando que tenemos mucha capacidad de regeneración. De hecho, las cifras bajas de colesterol total por debajo de 150 mg/dL se han demostrado perjudiciales para la salud, aumentando el riesgo de enfermedad cardiovascular, problemas de regeneración, problemas hormonales… y un largo etcétera.
  2. LDL-C o colesterol LDL. Es el ´camión´ que lleva colesterol a las heridas cuando hay algo que reparar. El problema es que éste realmente no se mide, sino que se despeja de una fórmula, como las ecuaciones del colegio, y no es un valor real. Es el que se denominaba “el malo”, aunque realmente no lo es tanto.
  3. HDL-C o colesterol HDL. Este sí que se mide realmente. Es el “camión”que lleva el colesterol que ha sobrado de reparar de nuevo a reciclarse. Por eso se le denomina tradicionalmente “el bueno”.
  4. Triglicéridos (TG). Es la grasa agrupada en grupos de tres que hay en sangre. Es una medida de inflamación y daño. Además, aumentan cuando aumentamos el consumo de carbohidratos que no consumimos.

Los estudios han demostrado que el valor que realmente refleja el riesgo de enfermedad cardiovascular es el cociente entre TRIGLICÉRIDOS Y HDL-C, es decir TG/HDL-C debe ser menor de 4, e idealmente, menor de 2.

Así que si tienes un colesterol total en una cifra de 240 mg/dL, triglicéridos en 80 mg/dL y HDL-C en 80 mg/dL, en principio no hay riesgo cardiovascular, ya que el cociente TG/HDL-C da 1.

Así que, en resumen, si quieres evitar lesiones y tener un organismo saludable (y encadenar), hay que comer mucho colesterol.

Por Begoña Ruiz Núñez es Doctora en Ciencias Médicas por la Universidad de Groningen (Países Bajos), Fisioterapeuta por la Universidad Complutense de Madrid y directora de Healthy Institute.

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